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De todos es conocido el efecto perjudicial que tiene el estrés sobre la salud en general. Cuando los niveles de adrenalina son demasiado elevados, y además de forma continuada, no transcurre mucho tiempo sin que el organismo y un séquito de enfermedades y molestias físicas nos pasen su factura.
Si al experimentar ansiedad en exceso, el sistema inmunológico disminuye, la memoria se resiente y el cansancio invade, ¿por qué habría de sorprendernos el hecho de que el estrés acabe repercutiendo negativamente en la calidad de la vida sexual?.
Una de las primeras consecuencias del estilo de vida estresante, las sobrecargas laborales o familiares, y el carecer de recursos de afrontamiento o apoyo para controlar esos nervios, es sin lugar a dudas la aparición del bajo deseo sexual.
Todo esto tiene su particular explicación en el proceso de combate que se produce a nivel hormonal. En situaciones de estrés, la testosterona (una de las principales hormonas relacionadas con la libido) desciende, y el nivel de cortisol (una hormona esteroide) aumenta debilitando consecuentemente las funciones sexuales y reproductivas.
Por otra lado, se ha demostrado que circunstancias de estrés permanente, pueden mermar la serotonina, un neurotransmisor del cerebro, favoreciendo la agresividad en el hombre, de tal manera que en la cama se muestra más impaciente y vive las relaciones de un modo más impositivo; y en la mujer produce un estado de ánimo depresivo e inapetencia sexual. Si combinamos los estados de ambos miembros de la pareja estresada, el resultado puede ser nefasto.
En el día a día, las preocupaciones y una tensión prolongada dañan significativamente el deseo sexual, y esto se manifiesta en falta de interés en el área sexual (tanto en pareja como en solitario), no se hacen comentarios sobre temas sexuales, no se propone o inicia el contacto, se rechazan propuestas del otro porque la persona realmente se siente cansada, bloqueada o “con la mente en otras cosas más importantes”. Pensemos que entregarse de lleno a una relación sexual, requiere de poder centrarse en el aquí y el ahora, aspectos a los que cuesta esfuerzo anclarse cuando se está saturado de problemas en el trabajo o con los hijos. Si la inquietud tiene que ver con conflictos de pareja, para algunos puede ser especialmente difícil aparcarlos para vivir la relación sexual de forma relajada.
Pero sentir estrés no sólo afecta a la libido, también se extiende a otras alteraciones de la respuesta sexual, que varían según el género. En los hombres es fácil que experimenten más dificultad para alcanzar y mantener la erección, y acaben con eyaculación precoz por ansiedad anticipatoria. En las mujeres altos estados de angustia imposibilitan que pueda centrarse en las sensaciones placenteras, atenuando la respuesta de excitación y lubricación necesarias, con lo que pueden llegar a sentir dolor en el coito y vaginismo. Todos estos impedimentos predisponen negativamente para el próximo encuentro sexual, facilitando un círculo de retroalimentación con el hipodeseo sexual.
Existe la falsa creencia de que el estrés es algo externo, ajeno e incontrolable a uno, que se irá por sí solo con el tiempo. Esta idea contribuye a instaurar una actitud pasiva con respecto a la falta de deseo generada, pues se piensa que como su causante, ya desaparecerá con el paso de los días. Pero lo cierto es que la solución depende gran parte de la importancia que cada individuo conceda a su vida sexual. Para los que le otorgan relevancia y tienen una buena comunicación con su pareja, lo más probable es que acudan con prontitud a asesorarse a un sexólogo.
No podemos dejar de señalar que una libido baja no sólo es consecuencia del estrés, sino que puede ser también la causa que lo provoque. Es decir, que las parejas que son sexualmente más activas son más enérgicas, saben reservarse un espacio para su intimidad, y decir “no” a compromisos laborales y sociales que pudiesen estresarles o desgastarlos, al tiempo que se sienten más recuperados anímica y físicamente después de los contactos sexuales. Una prueba de esto es que su presión sanguínea ante sucesos estresantes vuelve a la normalidad más rápidamente que la de quienes optan por la abstinencia sexual.
De hecho, los expertos recomiendan el sexo como recurso ventajoso no sólo para obtener placer sino salud, pues el orgasmo incrementa los niveles de la hormona oxitocina, la cual revitaliza a la persona, aunque sea de manera temporal. Con la actividad sexual, se eleva el riego sanguíneo y la oxigenación pulmonar, y se producen más endorfinas, hormonas que mejoran el estado de ánimo. Además, el sexo tiene efectos relajantes que favorecen una buena higiene del sueño. Pero no nos estamos refiriendo sólo al coito en sí, sino a los abrazos, caricias, besos y el despliegue de los sentidos que se dan en los juegos amatorios.
Cuando los problemas sexuales ya se hayan dejado invadir por la ansiedad, es hora de contemplar algunos de los tratamientos terapéuticos que se emplean para resolver la disfunción eréctil, la eyaculación precoz o la anorgasmia, los cuales están basados, entre otras cosas, en técnicas de relajación, que bien pueden utilizarse como estrategias de afrontamiento o manejo del estrés. Algunas pautas que pueden ayudarte son:
-Aprender a respirar abdominalmente, expandiendo bien la zona del diafragma para controlar la tasa cardiaca y aliviar la tensión muscular.
-Compartir una ducha o baño de agua caliente con la pareja puede ser una buena manera de iniciar el contacto sexual sin presión. Es importante sentir que se elige un momento y un lugar de intimidad, sin interrupciones ni prisas.
-Un masaje con aceites aromatizados y relajantes puede contribuir sobremanera a focalizar con los sentidos en las sensaciones y a desinhibirse.
-Establecer prioridades claras. Aunque las ocupaciones no dependan siempre de uno, es importante dedicar una hora a la semana al menos a la pareja, poder desconectar y adoptar el compromiso de no hablar durante esos instantes de los quehaceres habituales. Hacer real lo de “un tiempo para cada cosa”.
Así pues, sexo y estrés ejercen entre sí una influencia bidireccional tanto para bien como para mal.
Artículo Original de educasexo.
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